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Lo que me hubiese gustado saber en mi primer proyecto

por Claudia
Ser miembro de un proyecto es una aventura que puede o no ser lo esperado pero, somos las personas las que hacemos que el viaje merezca la pena. Cuando entramos a formar parte de un nuevo proyecto, su naturaleza, temática, nuestros compañeros o el entorno en el que nos ubicamos nos introducen en una realidad […]

Ser miembro de un proyecto es una aventura que puede o no ser lo esperado pero, somos las personas las que hacemos que el viaje merezca la pena.

Cuando entramos a formar parte de un nuevo proyecto, su naturaleza, temática, nuestros compañeros o el entorno en el que nos ubicamos nos introducen en una realidad especial de la que muchas veces no somos conscientes. Entender la cultura de un proyecto nos permitirá encontrar nuestro espacio en él. Pero, ¿qué entendemos por cultura de un proyectos y qué significa formar parte de un proyecto? Voy a detenerme en 5 aspectos que creo que me hubiesen hecho más fácil mi primer proyecto :-)

  1. Formar parte de un proyecto significa adquirir un compromiso con sus objetivos.
  2. Formar parte de un proyecto implica pensar de forma global.
  3. Formar parte de un proyecto implica aceptar que el cambio es parte del camino.
  4. Formar parte de un proyecto implica reconocer su carácter temporal.
  5. Formar parte de un proyecto significa aceptar roles /jerarquías

 

1. Formar parte de un proyecto significa adquirir un compromiso con sus objetivos

Un término que se utiliza con frecuencia ya no sólo en la Administración Pública sino también en el contexto de empresas comprometidas es de “accountability”. El hecho de que no sólo somos responsables de las tareas y funciones que se nos asignan sino que “nos responsabilizamos” de ellas. Un matiz lingüístico que aporta compromiso, responsabilidad personal, implicación con nuestro trabajo e ilusión por lo que hacemos. Todo ello llevado al contexto de un proyecto nos acerca a su éxito.

Como miembros de un equipo, diría que es una forma de entender nuestro trabajo que nos hace dar lo mejor de forma armoniosa con el proyecto, los compañeros y nosotros mismos. De hecho, éste es el tipo de perfil que más se valora en los proyectos, el de profesionales comprometidos con sus objetivos, profesionales orientados a resultados.

2. Formar parte de un proyecto implica pensar de forma global

El Departamento de Software de la Universidad Carnegie Mellon desarrolló, en la década de los 80, un modelo de madurez en habilidades personales con el objetivo de evaluar los procesos de una organización y así, apoyarla dirigiendo a sus profesionales. Una de las conclusiones a las que llegó fue la importancia de enfocar la labor directiva dentro del contexto de cada empresa en cuestión. Esta realidad, es la que se aplica a lo que se denomina un director de proyectos 2.0. y que por extensión se aplica también al equipo y que está en línea con el Triángulo del Talento del PMI.

A veces, pero sobre todo al comienzo de nuestra trayectoria profesional  estamos tan centrados en el ejercicio de nuestras tareas que perdemos la perspectiva global del proyecto en el que estamos y desconocemos incluso la empresa para la que trabajamos. Como directores de un proyecto o miembros de equipo nos puede ayudar:

  • Entender la empresa en que se desarrolla nuestro proyecto
  • Preguntar para comprender
  • Ver más allá de uno mismo
  • Reconocer el trabajo propio y el de otros
  • Permanecer alerta por si se percibe un peligro o una oportunidad para el proyecto
  • Potenciar la participación y la comunicación

Siendo responsables de nuestras tareas seremos profesionales de alto valor para el proyecto. Si además nos comprometemos con el proyecto entendiéndolo en la estrategia de empresa, nos convertiremos en profesionales imprescindibles para el mismo.

3. Formar parte de un proyecto implica aceptar que el cambio es parte del camino

En el célebre estudio publicado por McKinsey en 2009, “The irrational side of change management“, se reflexionaba sobre el hecho de que al igual que el ámbito de la economía quedaba transformado por el avance en el estudio de las ciencias sociales, cognitivas o emocionales, la práctica del cambio directivo necesitaba también un cambio en base a un entendimiento de cómo las personas interpretamos nuestros entornos y escogemos actuar.

El cambio está ahí, en toda empresa, proyecto, vida o circunstancia, es parte de la cultura de un proyecto, de todo proyecto. Lo paradójico es, no obstante, que un mismo cambio afecta de manera diferente a cada profesional y por ello el carácter imprevisible de su reacción hace que sea uno de los elementos que más incertidumbre aporta al conjunto de un proyecto.

Aunque sí que en este punto creo que hay un cambio generacional muy importante, ayuda entender que:

  • El cambio es una constante en todo proyecto

Tanto el director como su equipo o los interesados en el proyecto han de aceptar esta nueva forma de enfocar el trabajo, convivir con la incertidumbre y disponer de la suficiente flexibilidad en su forma de actuar como para hacer que el proyecto fluya.

Hay que aprender a moverse en un entorno incierto.

  • El cambio hay que afrontarlo de manera proactiva

Hay una tendencia general a percibir el cambio de forma negativa, como “si hubiésemos fallado al proyecto”. No obstante el cambio es una realidad propia de agentes o entidades cuya naturaleza evoluciona. Una vez asumido este hecho, podremos abordar el cambio con proactividad.

  • El cambio ha de abordarse de forma programada

Si bien no podemos evitar los cambios sí que podemos hacer que se den de forma controlada lo que nos permitirá dirigir objetivamente el proyecto.

4. Formar parte de un proyecto implica reconocer su carácter temporal

Una de las características de un proyecto es su temporalidad, el hecho de que cuenta con un comienzo y fin definidos. Ello permite planificarlo y controlar la participación de sus profesionales. Hace también que sea posible que cada miembro del equipo se vuelque en él, le dedique su tiempo y piense en clave de proyecto. Pero la temporalidad presenta también alguna contrapartida y es que el proyecto demanda mucho a sus miembros pero llegado su fin prescindirá de nosotros. Esta es una realidad para la que no tendríamos que generar situaciones de resistencia ni acelerar el cambio a otro proyecto sin haber concluido el anterior de manera profesional. Como directores, tengamos también en cuenta este aspecto.

5. Formar parte de un proyecto significa aceptar roles/jerarquías

Actualmente encontramos diferentes formas de dirigir proyectos, en algunas, las que promueven la dirección en cascada encontramos estilos directivos verticales, donde más que roles hablaríamos de jerarquías. Si es este el caso, aceptémoslas y veamos qué significan. Como directores mantener una jerarquía en el equipo, saber liderarlos dependerá de nosotros mismos, del grado de reconocimiento de nuestra labor por parte de la empresa o de nuestro grado de madurez. En aquellas empresas con una dirección ágil, es más importante entender el papel de los roles y hasta dónde llega cada uno, a quién hemos de reportar y quién es el líder del proyecto.

Estos 5 aspectos de la dirección de proyectos me habrían ayudado en mi primer proyecto. ¿Qué te habría ayudado a ti saber? Si te apetece escribir en este hilo podemos compartir “aquellos maravillosos comienzos”.